Vértice, el nuevo espacio cultural que busca recuperar el encuentro y la identidad barrial en La Paternal
En una esquina de La Paternal donde confluyen las calles Trelles y Espinosa, un antiguo local comenzó a transformarse hace pocos meses en algo más que una cafetería o una sala de espectáculos. Allí funciona Vértice, un nuevo espacio cultural que nació a partir de un sueño postergado durante años y que hoy busca convertirse en un punto de encuentro para artistas, vecinos y proyectos colectivos del barrio.
Detrás de la iniciativa está Alan Vizcaíno, diseñador de Imagen y Sonido egresado de la Universidad de Buenos Aires, quien después de atravesar un despido laboral decidió convertir una situación difícil en la oportunidad de concretar una idea que lo acompañaba desde hacía mucho tiempo.
La historia de Vértice comenzó mucho antes de su inauguración oficial, realizada el 4 de abril de este año. Hace aproximadamente quince años, Alan organizaba pequeños ciclos de cine en su propia casa. Aquellas reuniones, que comenzaron de manera informal, crecieron hasta convocar a unas sesenta personas y luego se trasladaron a distintos espacios culturales de la ciudad. Sin embargo, las dificultades administrativas y las complejidades vinculadas a las habilitaciones terminaron frenando aquel proyecto.
La vida lo llevó entonces por otros caminos laborales, siempre vinculados a la comunicación y la producción audiovisual. Pero a comienzos de este año, un despido colectivo en la empresa donde trabajaba modificó el rumbo de las cosas.
Lejos de vivir esa situación únicamente como una adversidad, decidió interpretarla como la señal que necesitaba para apostar definitivamente por su proyecto cultural.
Desde el principio tuvo una certeza: el espacio debía estar en La Paternal.
Nacido y criado en Buenos Aires, Alan siente un profundo vínculo con el barrio. Vive cerca, la mayoría de sus amigos también y conoce desde hace años la identidad particular que caracteriza a esta zona de la Ciudad.
Para él, La Paternal conserva una esencia difícil de encontrar en otros lugares: una mezcla de historia, vida comunitaria, tradición cultural y movimiento artístico que todavía mantiene vivo el espíritu del barrio porteño clásico.
La elección del local tampoco fue casual. Después de recorrer distintas alternativas apareció este inmueble ubicado en una esquina muy transitada, a pocas cuadras de la estación ferroviaria, cerca del Metrobús y de la avenida San Martín. La presencia de un colegio y el constante movimiento de peatones terminaron de convencerlo.
Pero además existió un factor menos racional: la buena relación que desde el primer momento estableció con los propietarios del lugar.
El proceso de transformación del espacio fue, según cuenta, una verdadera construcción colectiva.
Muchos amigos participaron activamente de las tareas necesarias para poner el proyecto en marcha. Algunos ayudaron con la pintura, otros colaboraron con la instalación eléctrica y varios aportaron tiempo, herramientas o conocimientos específicos para acondicionar el local.
La instalación de toda la red eléctrica, por ejemplo, fue realizada junto a un amigo electricista, convirtiéndose además en una experiencia de aprendizaje para quien hasta entonces desconocía completamente ese oficio.
Ese origen comunitario dejó una marca visible en el lugar. Quienes visitan Vértice suelen describirlo como un espacio cálido, cercano y descontracturado, donde el ambiente recuerda más a una casa compartida que a un centro cultural tradicional.
Precisamente, el nombre elegido sintetiza gran parte de esa filosofía.
Por un lado, hace referencia a la condición física del local, ubicado en una esquina. Pero también simboliza la idea de un punto de encuentro, un lugar donde distintas personas, intereses y expresiones artísticas puedan cruzarse.
La propuesta intenta recuperar una escala de convivencia que, según su creador, se fue perdiendo con el paso de los años y especialmente después de la pandemia. Frente a una lógica donde predominan los grandes eventos masivos y las experiencias destinadas a las redes sociales, Vértice apuesta por encuentros más pequeños, íntimos y participativos.
La intención es volver a generar esos momentos cotidianos donde alguien puede acercarse simplemente a tomar una cerveza, escuchar un dúo de jazz, participar de un piano bar o conversar con desconocidos que comparten una misma inquietud cultural.
La difusión del proyecto también responde a esa lógica barrial. Aunque próximamente incorporarán una cartelería más visible, hasta ahora el principal mecanismo de convocatoria fue el boca a boca.
Las redes sociales acompañan, pero Alan sostiene que nada reemplaza al contacto directo con los vecinos. Muchas personas se acercan por curiosidad al pasar frente al local, preguntan qué actividad habrá el fin de semana y terminan participando.
Esa dinámica ya permitió generar experiencias muy particulares. Durante una proyección de la película «Cuando acecha la maldad», por ejemplo, participaron tanto el director como varios vecinos que simplemente caminaban por la zona, se interesaron por la propuesta y decidieron quedarse.
Otro aspecto que sorprende a quienes impulsan el proyecto es la enorme cantidad de artistas que viven en La Paternal y que muchas veces no encuentran espacios donde mostrar su trabajo.
Uno de esos casos es el de Alberto, un vecino de más de ochenta años que toca la guitarra y canta folklore desde hace décadas. Después de asistir a una función de cine, comentó que hacía tiempo buscaba un lugar donde compartir su música. La respuesta fue inmediata: Vértice puso su escenario a disposición.
La programación del espacio refleja esa diversidad. Por las mañanas funciona como cafetería, una estrategia que permite integrarse a la vida cotidiana del barrio y acercar a los vecinos las distintas actividades culturales.
Actualmente ya funcionan talleres de lutería y joyería artesanal, dos propuestas orientadas a recuperar el trabajo manual y creativo frente al avance de la virtualidad y las pantallas.
La agenda también incluye ciclos de cine con directores invitados, degustaciones de whisky, conciertos de jazz, piano bar, encuentros musicales, clases y bailes de forró brasileño, además de ferias gastronómicas y proyectos vinculados a la producción artística local.
A futuro, Alan imagina sumar propuestas teatrales, exposiciones de artistas plásticos del barrio y participar activamente en eventos comunitarios como La Gran Paternal.
Lejos de medir el éxito únicamente por la cantidad de público o la rentabilidad económica de cada actividad, sostiene que el verdadero objetivo consiste en ofrecer un espacio disponible para quienes necesiten expresarse.
En tiempos donde la situación económica vuelve más difíciles las salidas culturales y donde muchas actividades parecen depender exclusivamente de su rendimiento comercial, Vértice intenta recuperar otra lógica: la del encuentro, la colaboración y la construcción colectiva.
Desde esa pequeña esquina de La Paternal, el proyecto apuesta a demostrar que la cultura sigue siendo una herramienta capaz de generar comunidad, fortalecer la identidad barrial y crear vínculos que trascienden cualquier escenario económico.
