Las escuelas deberán promover el cuidado, el orden y la limpieza de sus espacios.

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30 DE AGOSTO 2026

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires presentó un nuevo protocolo destinado a mejorar las condiciones de cuidado, limpieza y organización dentro de las escuelas. La iniciativa establece que estudiantes, docentes y demás integrantes del personal educativo deberán colaborar para que aulas, patios, comedores y otros sectores de uso común queden limpios, organizados y en buenas condiciones al terminar cada jornada.

La medida fue impulsada por la Ciudad mediante el Ministerio de Educación y se denomina “Marco general para la cultura del cuidado en establecimientos educativos”. El objetivo es establecer criterios comunes para todas las instituciones educativas, ya que anteriormente algunas escuelas desarrollaban actividades relacionadas con el cuidado de los espacios, pero no existía una normativa general que reuniera y organizara estas prácticas para todo el sistema educativo.

El Jefe de Gobierno, Jorge Macri, explicó que la propuesta busca fortalecer una educación basada en el respeto, la responsabilidad y el cumplimiento de las normas. Según señaló, durante mucho tiempo se naturalizaron determinadas conductas, como ensuciar o dañar los espacios escolares, bajo la idea de que otra persona se ocuparía posteriormente de solucionar el problema. Por este motivo, el nuevo protocolo pretende que los estudiantes incorporen desde pequeños la importancia de cuidar los lugares que utilizan diariamente.

La disposición será aplicada en todos los niveles y modalidades educativas, tanto en establecimientos públicos como privados. Los estudiantes tendrán que colaborar con el mantenimiento de los espacios compartidos, cuidar los muebles y evitar daños en paredes, baños y sectores verdes. Por su parte, los docentes deberán acompañar a los alumnos en la incorporación de estos comportamientos, mientras que los equipos directivos tendrán la función de coordinar y supervisar la aplicación de las nuevas medidas.

Responsabilidad frente a los daños

Cuando se produzcan daños realizados de manera intencional y estos no requieran una reparación urgente, será la propia comunidad educativa la encargada de buscar una solución. Entre las situaciones contempladas se encuentran las pintadas o grafitis en bancos y paredes y el deterioro de distintos elementos del mobiliario escolar.

La ministra de Educación, Mercedes Miguel, explicó que existen escuelas de la Ciudad y experiencias educativas internacionales donde mantener los espacios limpios y cuidados es una responsabilidad compartida por todos los integrantes de la institución. La intención de esta iniciativa es ampliar esas experiencias y establecer pautas similares para todas las escuelas.

La funcionaria también destacó que el comportamiento de los estudiantes frente al cuidado de la institución suele modificarse con el paso de los años. Mientras que en el nivel inicial estos hábitos suelen estar más incorporados, durante la escuela primaria y especialmente en la secundaria pueden perder importancia. En este sentido, se considera que enseñar a cuidar la escuela forma parte de la educación, ya que se trata de un espacio utilizado diariamente por una gran cantidad de estudiantes y donde también se adquieren hábitos que pueden mantenerse durante la vida adulta.

Propuestas para mejorar el cuidado escolar

El nuevo marco no solamente establece obligaciones, sino que también plantea diferentes actividades para que las escuelas puedan llevarlas a la práctica.

Una de ellas será la iniciativa “Embajadores del cuidado”, mediante la cual los distintos cursos se turnarán semanalmente para controlar y cuidar determinados sectores del establecimiento. También se propone utilizar los “Últimos minutos para el cuidado del espacio”, destinados a revisar y ordenar el lugar utilizado antes de finalizar una actividad o la jornada escolar.

Otra propuesta consiste en crear una “Estación Ambiental”, destinada a reunir y administrar los residuos con una finalidad educativa. También se impulsarán campañas para retirar carteles, afiches y materiales de comunicación que ya no sean necesarios o se encuentren fuera de vigencia.

Para reforzar el vínculo de los estudiantes con la institución se plantean otras actividades. Entre ellas se encuentra “Anfitriones de una nueva cultura”, que busca que estudiantes con experiencia acompañen a quienes ingresan por primera vez a la escuela. También se contempla la realización de murales elaborados por alumnos en sectores que suelen sufrir actos de vandalismo.

Además, se propone mejorar los espacios verdes mediante la instalación de huertas escolares y jardines destinados a atraer polinizadores. Las denominadas “jornadas de reparación” permitirán que los estudiantes participen activamente en tareas relacionadas con el mantenimiento y recuperación de muebles y espacios comunes.

Para que estas prácticas puedan mantenerse a largo plazo, se plantea realizar campañas con mensajes positivos creados junto con los alumnos, utilizar tableros que permitan observar distintos indicadores de cuidado y establecer “acuerdos de cuidado” elaborados de manera conjunta con los estudiantes.

Vandalismo y deterioro de la infraestructura

Un estudio realizado por la Universidad de San Andrés junto con el Ministerio de Educación de la Ciudad analizó los comportamientos relacionados con el cuidado de los edificios escolares y buscó identificar los factores que influyen en el deterioro de la infraestructura.

La investigación encontró una relación entre el ambiente que existe dentro de una escuela y la manera en que los estudiantes cuidan sus instalaciones. En aquellos establecimientos donde existe un mayor nivel de respeto entre los integrantes de la comunidad educativa, se registran más conductas positivas de cuidado y menos situaciones de daño. También se observó que los alumnos que sienten orgullo y pertenencia hacia su escuela tienen una mayor tendencia a protegerla.

El trabajo incluyó entrevistas a estudiantes, directivos, docentes, preceptores y auxiliares, además de una investigación cuantitativa en la que participaron 3000 estudiantes de primero a tercer año de 42 escuelas secundarias pertenecientes a las 15 comunas.

Otro aspecto señalado por la investigación fue la influencia de los compañeros. Cuando los estudiantes observan que otros alumnos mantienen y respetan los espacios escolares, aumenta la posibilidad de que ellos también adopten esas conductas.

Por este motivo, el nuevo protocolo busca generar un efecto de contagio positivo, especialmente frente a situaciones de daño intencional. Cuando se produzcan hechos como grafitis, rotura deliberada de bancos, puertas o deterioro de baños, la institución deberá organizar una respuesta a través de su equipo directivo y, junto con la cooperadora escolar, establecer la manera de reparar los daños.

Entre las posibles soluciones se encuentran las jornadas de recuperación y reparación, en las cuales los propios estudiantes podrán participar de las tareas destinadas a mejorar las condiciones del establecimiento.

Manejo de los residuos en las escuelas

El nuevo protocolo también incorpora medidas vinculadas con el tratamiento de los residuos. Cada institución deberá desarrollar un Plan Institucional de Gestión Integral de Residuos, que estará organizado en cuatro etapas.

En primer lugar, deberá designarse un Referente Ambiental, encargado de coordinar la puesta en funcionamiento del plan. También será necesario colocar correctamente los elementos destinados a la separación de residuos, como cestos de 25 o 50 litros para materiales reciclables y basura, además de contenedores verdes de 240 litros para almacenar los residuos.

Por otra parte, cada escuela deberá formar un Comité Ambiental, integrado por miembros de los equipos directivos, docentes, estudiantes y familias. Este grupo tendrá entre sus funciones realizar controles periódicos y desarrollar actividades destinadas a generar mayor conciencia sobre el cuidado ambiental.

El plan deberá contemplar los diferentes tipos de residuos que pueden producirse dentro de una institución educativa. Entre ellos se encuentran materiales reciclables como papel, plástico, vidrio y metales; residuos orgánicos que pueden utilizarse para compostaje; aparatos eléctricos y electrónicos en desuso; objetos que ya no se utilizan; restos provenientes de obras y trabajos de poda; aceite vegetal usado; y residuos generados en talleres y laboratorios.

Cada uno de estos materiales deberá contar con un procedimiento específico para su separación, tratamiento y disposición final.