Recoleta: un pétalo de la Floralis Genérica regresó a la Ciudad y la restauración total concluirá a mediados de noviembre
20 DE OCTUBRE 2025.
Un operativo singular tuvo lugar esta semana para devolverle vida a uno de los íconos más emblemáticos del paisaje porteño. La Floralis Genérica, la monumental flor metálica emplazada en la Plaza de las Naciones Unidas del barrio de Recoleta, comenzó su etapa final de restauración con el traslado e instalación del primero de los dos pétalos reparados tras los daños provocados por el fuerte temporal de diciembre de 2023. Si todo avanza según lo previsto, la obra estará completamente restaurada a mediados de noviembre.
El operativo, coordinado por el Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana del Gobierno de la Ciudad, demandó varios días de planificación y ejecución. El pétalo, una pieza de aluminio y acero de más de tres toneladas, partió desde la planta industrial de Baradero, donde se realizaron las tareas de recuperación estructural, y recorrió 150 kilómetros a bordo de una barcaza que navegó por el Río Paraná y el Río de la Plata hasta arribar al Puerto de Buenos Aires. Desde allí, un camión carretón especialmente adaptado completó el trayecto terrestre hasta su destino final en Recoleta.
“El regreso de este pétalo marca un paso decisivo en la reconstrucción de una obra que forma parte del alma de la Ciudad. La Floralis Genérica no es solo una escultura: es un símbolo de nuestra identidad y de la creatividad argentina. Gracias al esfuerzo conjunto de técnicos, ingenieros y artistas, pronto volverá a brillar”, expresó el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri.
El traslado del primer pétalo inició el jueves con una compleja maniobra de izamiento mediante una grúa de gran porte. La pieza fue cargada sobre el carretón y transportada al puerto de Baradero, donde nuevamente fue elevada para su embarque. El viernes por la tarde, la barcaza inició su travesía rumbo a la capital, arribando el sábado tras más de 150 kilómetros de recorrido fluvial. Luego, durante la madrugada del domingo, el convoy avanzó lentamente por las calles porteñas hasta la Plaza de las Naciones Unidas, en un operativo de alta precisión logística que incluyó cortes temporales de tránsito, elevación de cables, giros de semáforos y la colocación de una vía doble de madera sobre la plaza para permitir el ingreso del vehículo.
Según explicó el ministro de Espacio Público e Higiene Urbana, Ignacio Baistrocchi, cada paso del proceso fue cuidadosamente planificado. “Restaurar una estructura de esta magnitud requiere meses de trabajo y coordinación entre distintos equipos técnicos. Trasladar un pétalo de más de tres toneladas por tierra y agua no solo demanda ingeniería, sino también creatividad y compromiso. Estamos muy cerca de devolverle a la Ciudad uno de sus íconos más queridos”, sostuvo.
El segundo pétalo, también restaurado en Baradero, se trasladará en los próximos días por la misma vía fluvial. De no mediar contratiempos climáticos, arribará a Buenos Aires durante la primera quincena de noviembre, completando así la estructura de la flor metálica que desde hace más de dos décadas se alza como una de las postales más reconocidas de la Ciudad.
La Floralis Genérica fue diseñada y donada por el arquitecto argentino Eduardo Catalano e inaugurada en 2002. Con sus seis pétalos móviles de acero inoxidable y aluminio, alcanza una altura superior a los 20 metros y un peso total de 18 toneladas. Su mecanismo original le permitía abrirse y cerrarse con el sol, simbolizando el ciclo de la vida y la energía. Sin embargo, el temporal del 17 de diciembre de 2023 provocó el colapso de dos pétalos, lo que obligó a un exhaustivo análisis estructural y a un proceso de restauración sin precedentes.
En octubre de 2024, el Gobierno porteño abrió la licitación para ejecutar los trabajos de recuperación. En enero de 2025, los pétalos dañados fueron desmontados con grúas pluma y trasladados a la planta de Baradero, donde se desarrolló la reparación integral. Allí, los especialistas realizaron ensayos de materiales no destructivos, un conjunto de técnicas avanzadas empleadas en las industrias aeroespacial y automotriz, que permiten analizar la estructura sin deteriorarla. Se aplicaron métodos ópticos para detectar fisuras, corrientes parásitas para medir la resistencia interna del metal y líquidos penetrantes para revelar imperfecciones microscópicas.
Con los resultados obtenidos, se elaboraron modelos tridimensionales de cada pétalo para calcular su comportamiento frente al viento y proyectar los refuerzos estructurales necesarios. Posteriormente, se procedió al plantillado y fabricación de nuevas piezas según las dimensiones exactas de la obra original. Cada componente fue ensamblado con bulones especiales de alta resistencia, similares a los utilizados en aeronaves, para garantizar la estabilidad y evitar el aflojamiento por vibraciones.
El proceso continuó con el reemplazo de los paneles de aluminio exterior, fijados con remaches de acero inoxidable sobre las platabandas principales. Se verificaron también las articulaciones que conectan los pétalos con el tallo central, asegurando su correcto funcionamiento. Finalmente, se efectuaron tareas de pulido, limpieza y pintura protectora, además del arenado que permitió eliminar óxidos y residuos acumulados por el paso del tiempo.
“Estamos frente a un trabajo de restauración único en su tipo, que combina ingeniería pesada, arte y preservación del patrimonio”, detallaron los técnicos a cargo de la intervención. “Cuando la Floralis vuelva a estar completa, no solo recuperará su esplendor visual, sino también su valor simbólico: el de una Ciudad que se levanta, se renueva y cuida su identidad”.
Si las condiciones acompañan, el segundo pétalo llegará antes de mediados de noviembre, momento en el que la Floralis Genérica volverá a lucir intacta frente a la Facultad de Derecho, con su estructura reluciente y reforzada. La Ciudad se prepara así para celebrar el regreso de un símbolo porteño, una flor metálica que volverá a abrirse al sol, como metáfora de resiliencia, belleza y continuidad.
