Preocupación por daños estructurales en el Monasterio Santa Catalina tras obras en el Microcentro porteño
Vecinos, organizaciones patrimoniales y miembros de la comunidad religiosa del Monasterio de Santa Catalina de Siena manifestaron una fuerte preocupación por los daños detectados en la estructura edilicia del histórico complejo ubicado en pleno Microcentro porteño, luego de una serie de obras realizadas en las inmediaciones como parte del plan de transformación urbana impulsado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
El edificio, considerado uno de los últimos grandes exponentes de la arquitectura colonial que aún sobreviven en la Ciudad y declarado Monumento Histórico Nacional, habría sufrido deterioros estructurales vinculados a trabajos ejecutados recientemente sobre la calle Viamonte y zonas aledañas.
Según denunciaron integrantes de la comunidad del monasterio y asociaciones dedicadas a la defensa del patrimonio histórico, las tareas realizadas durante la última semana provocaron grietas, desprendimientos y daños visibles en distintos sectores del templo y dependencias anexas.
Las obras forman parte del denominado Plan de Transformación del Microcentro, desarrollado por el Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana porteño, que contempla intervenciones urbanísticas, reconfiguración de calles, adoquinado y modificaciones sobre la circulación peatonal y vehicular en distintos sectores del centro histórico de Buenos Aires.
De acuerdo con las denuncias realizadas públicamente, el deterioro comenzó a evidenciarse luego de la apertura de zanjas y movimientos de suelo sobre la calle Viamonte, frente al monasterio. Los trabajos incluyeron excavaciones y modificaciones sobre la traza urbana del sector, generando preocupación inmediata entre vecinos y referentes patrimoniales debido a la antigüedad y fragilidad estructural del edificio.
Dentro del templo se detectaron grietas en distintos sectores sensibles de la construcción, entre ellos paredes cercanas al presbiterio, áreas próximas al altar principal y algunas columnas internas. Además, en oficinas administrativas y dependencias parroquiales se registraron roturas en tabiques de durlock, caída de luminarias y desprendimientos de mampostería.
Frente a la gravedad de la situación, las autoridades del monasterio resolvieron cerrar temporalmente el edificio a partir del lunes siguiente al hallazgo de los daños, con el objetivo de permitir una evaluación técnica integral que determine el estado estructural del inmueble y los posibles riesgos asociados a la continuidad de las obras en las inmediaciones.
Desde el Gobierno porteño se comprometieron a enviar un ingeniero estructuralista para realizar una inspección especializada sobre el edificio y analizar si existen riesgos mayores vinculados a la estabilidad de la construcción. Sin embargo, la preocupación dentro de la comunidad religiosa y entre especialistas en patrimonio continúa creciendo debido a la importancia histórica y arquitectónica del lugar.
El monasterio fue fundado en 1745 y constituye uno de los edificios religiosos más antiguos que aún se conservan en la Ciudad de Buenos Aires. A lo largo de casi tres siglos de historia sobrevivió a distintos procesos políticos, transformaciones urbanas e incluso a las invasiones inglesas, convirtiéndose en un símbolo del patrimonio histórico porteño.
Especialistas en conservación arquitectónica remarcan que el complejo posee un enorme valor no solo por su antigüedad, sino también por representar uno de los pocos ejemplos vigentes de arquitectura colonial religiosa en el casco histórico de Buenos Aires.
La situación se produce además en un contexto de fuerte polémica por otro proyecto urbanístico que involucra al entorno inmediato del monasterio. Recientemente, la Justicia porteña revocó una medida cautelar que frenaba la construcción de un templo perteneciente a Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días sobre un terreno lindero al edificio histórico.
La futura construcción contempla una estructura de aproximadamente 38 metros de altura, situación que generó cuestionamientos de organizaciones civiles y entidades dedicadas a la preservación patrimonial.
Entre ellas aparece Basta de Demoler, agrupación que había advertido previamente sobre los riesgos que implicaban excavaciones profundas y desarrollos de gran escala junto a un edificio histórico de casi 300 años de antigüedad.
Según señalaron desde esas organizaciones, las obras podrían afectar tanto la estabilidad estructural del monasterio como condiciones ambientales fundamentales para su conservación, entre ellas el asoleamiento natural que contribuye a reducir problemas de humedad en construcciones antiguas.
Especialistas remarcan que este tipo de edificios históricos requieren condiciones específicas de ventilación, iluminación y estabilidad del terreno para preservar correctamente materiales originales y evitar procesos de deterioro acelerado.
La comunidad vinculada al monasterio sostiene que los daños recientes representan una señal de alarma respecto al impacto que determinadas intervenciones urbanas podrían generar sobre el patrimonio histórico porteño si no se realizan bajo controles técnicos estrictos y evaluaciones preventivas adecuadas.
Las asociaciones vecinales y patrimoniales exigieron al Gobierno de la Ciudad la suspensión inmediata de cualquier obra que pueda comprometer la integridad estructural del edificio hasta que se completen los estudios técnicos correspondientes.
Además, reclamaron la implementación urgente de medidas de protección y monitoreo permanente sobre el monasterio para evitar nuevos deterioros y garantizar la preservación de uno de los conjuntos arquitectónicos más valiosos de la historia porteña.
En distintos comunicados y manifestaciones públicas, referentes patrimoniales señalaron que el caso vuelve a poner en discusión el equilibrio entre desarrollo urbano y conservación histórica dentro de Buenos Aires, especialmente en áreas donde conviven edificios centenarios con nuevos proyectos inmobiliarios de gran escala.
También remarcaron que el Microcentro concentra algunos de los inmuebles más importantes del patrimonio arquitectónico nacional y que cualquier intervención sobre ese entorno requiere niveles elevados de planificación, supervisión técnica y resguardo histórico.
Mientras avanzan las evaluaciones estructurales y continúa la incertidumbre sobre el alcance real de los daños, el Monasterio Santa Catalina permanece cerrado al público y bajo observación técnica.
La situación generó una fuerte repercusión entre vecinos, especialistas y organizaciones culturales, que consideran indispensable garantizar la protección integral de un edificio que forma parte de la memoria histórica y arquitectónica de Buenos Aires.
Con casi tres siglos de existencia, el monasterio atraviesa ahora uno de los momentos más delicados de su historia reciente, en medio de un debate cada vez más intenso sobre el impacto de las transformaciones urbanas contemporáneas en el patrimonio histórico de la Ciudad.
