Pablo Grillo fue operado con éxito y su evolución es alentadora.

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18 DE ABRIL 2025

A más de un mes de la brutal represión frente al Congreso, ocurrida el pasado 12 de marzo, la vida del reportero gráfico Pablo Grillo continúa atravesada por una recuperación compleja y una batalla judicial en curso. Esta semana, su familia comunicó que fue sometido a una nueva intervención quirúrgica que resultó exitosa, marcando un nuevo paso hacia su recuperación.

El joven fotógrafo, de 35 años, fue gravemente herido tras recibir el impacto directo de un cartucho de gas lacrimógeno en el rostro mientras documentaba la violenta actuación de las fuerzas de seguridad durante la manifestación de los jubilados. El ataque, que fue registrado por varios de sus colegas, expuso con crudeza el uso desmedido de la fuerza por parte de Gendarmería Nacional.

Intervención quirúrgica y cuidados intensivos

Según informó su familia, la reciente operación fue endoscópica y se realizó a través de las vías nasales. El procedimiento permitió detectar y sellar una pérdida que estaba generando presión intracraneal, una complicación que ponía en riesgo su evolución neurológica. Si bien la cirugía fue considerada exitosa, el cuadro clínico de Pablo aún requiere monitoreo constante y cuidados médicos específicos.

“Ahora hay que esperar unos días para ver cómo evoluciona”, explicaron sus allegados, quienes también confirmaron que en los próximos días se le realizarán punciones lumbares para aliviar la presión residual. Desde su internación, ocurrida el mismo 12 de marzo, la familia ha acompañado cada parte médico con esperanza, sin dejar de agradecer públicamente las muestras de apoyo.

Una herida que no cicatriza

La historia de Pablo Grillo se convirtió en símbolo de la violencia institucional. Su caso resuena más allá del ámbito del fotoperiodismo, tocando fibras profundas en la sociedad argentina. En los días posteriores al ataque, una pequeña señal generó esperanza: Pablo, aún convaleciente, reconoció a su padre y logró decirle “Hola, viejo”. Ese breve momento de lucidez fue compartido por su entorno y se volvió una imagen poderosa de resistencia y humanidad en medio de la brutalidad.

Desde entonces, su recuperación ha sido lenta pero constante. Mientras tanto, el acompañamiento de la sociedad no cesa. Organismos de derechos humanos, sindicatos de prensa, colegas y ciudadanos han expresado su solidaridad a través de mensajes, marchas y redes sociales. La familia, por su parte, no deja de agradecer “los rezos, la energía y toda la buena vibra”.

La causa judicial avanza, con lentitud

El proceso judicial que busca esclarecer lo ocurrido quedó bajo la órbita del Juzgado Federal N.º 1, a cargo de la jueza María Servini. La representación legal de la familia está a cargo del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y la Liga Argentina por los Derechos Humanos, dos entidades con larga trayectoria en la defensa de los derechos fundamentales.

Ambos organismos reclaman que se identifique a los responsables del operativo represivo en el que no solo resultó herido Grillo, sino también otros manifestantes. Según consta en el expediente, los abogados Martín Luis Sarubbi y Claudio Pedro Nuncija ya fueron aceptados como apoderados, y el domicilio procesal fue fijado en la Dirección de Asuntos Jurídicos de Gendarmería Nacional, lo que implica que las fuerzas involucradas ya han sido notificadas formalmente.

Un reclamo que interpela al Estado

El caso de Pablo Grillo no es un hecho aislado. Representa una expresión preocupante de un modelo de represión estatal que concibe la protesta social como una amenaza. Su situación pone en evidencia la fragilidad con la que se ejerce la libertad de prensa y la falta de garantías para quienes, como él, documentan la realidad desde el frente.

“No queremos otro Pablo”, repiten familiares y colegas, en un grito que exige no solo justicia, sino también memoria y prevención. Porque lo que está en juego no es únicamente la reparación por el daño sufrido por un fotógrafo en ejercicio de su labor, sino también la necesidad de frenar una lógica represiva que socava derechos y silencia voces.

Mientras su salud avanza lentamente, la impunidad sigue siendo la otra gran herida abierta. La justicia, como en tantos otros casos vinculados a la violencia estatal, parece avanzar con pasos demasiado cortos. Sin embargo, el reclamo persiste, con la convicción de que el silencio no puede ser la respuesta frente a la violencia institucional.

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