Denuncian el vaciamiento de la educación especial en la Ciudad de Buenos Aires.

0
1

27 DE OCTUBRE 2025

Docentes y directivos advierten que la reforma educativa impulsada por el gobierno porteño, bajo la gestión de Jorge Macri, representa —según sus palabras— un “eufemismo de desarme” del sistema de educación especial. El programa, que incluye la creación de Mesas de Inclusión y equipos interdisciplinarios, es señalado por trabajadores del sector como el inicio de un vaciamiento estructural.

Adiós, mamá”, le dijo una mañana Bautista a Romina Alarcón, cuando ella lo llevó a la Escuela Integral Interdisciplinaria N.º 4, en La Boca. Aquella despedida, tras un breve período de adaptación, fue para Romina la confirmación de que había encontrado el espacio que su hijo necesitaba: un lugar de pertenencia. Por eso hoy vive con “tristeza y preocupación” la situación actual de las escuelas de educación especial en la Ciudad.

“El gobierno porteño está desarmando la Educación Especial sin consultas”, expresaron trabajadores y trabajadoras del sector en una nota colectiva firmada de forma anónima por temor a represalias.

En el documento —difundido por directivos, docentes y equipos técnicos— aseguran que la Resolución 860/25, emitida por el Ministerio de Educación porteño en julio de 2025, se implementó sin diálogo ni consulta previa, en plena mitad del ciclo lectivo. “La medida constituye un ajuste encubierto y una amenaza directa al derecho a la educación de niñas, niños y adolescentes con discapacidad”, señala el texto.

“Se rompe, se fragmenta, se interrumpe”

Uno de los puntos más cuestionados es la reasignación de los equipos interdisciplinarios que trabajan dentro de las escuelas especiales. Según la denuncia, estos grupos —fundamentales para garantizar trayectorias inclusivas y continuas— fueron trasladados a otras instituciones, debilitando la estructura de las escuelas y dejando a los estudiantes sin el acompañamiento profesional de quienes los conocen y sostienen.

“El resultado es claro: se rompe la organización interna, se fragmentan los equipos de conducción y se interrumpe el seguimiento cercano de los procesos de aprendizaje”, advierten.

Las críticas no se limitan a la gestión de Macri y su ministra de Educación, Mercedes Miguel. Según las trabajadoras, la desarticulación progresiva comenzó durante el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, con Soledad Acuña al frente del ministerio.

“En nombre de una supuesta inclusión plena, se tomaron decisiones que debilitaron el trabajo en las aulas”, expresaron. “Los Equipos Psicosocioeducativos (EPSE) dejaron de evaluar el cambio de modalidad y se limitaron a ‘acompañar trayectorias’. Esa simplificación generó situaciones de sufrimiento: estudiantes sostenidos en aulas donde no pueden aprender, docentes sin herramientas y familias desbordadas. La inclusión no puede ser solo un eslogan. Requiere recursos, tiempo, escucha y respeto por los ritmos de cada estudiante. Hoy, nada de eso está garantizado”.

“Están vaciando nuestras escuelas”

En diálogo con Contactocom, la directora de una escuela especial que pidió reserva de identidad advirtió que la normativa ya comenzó a aplicarse con fuerza este mes. Explicó que la creación de nuevos equipos para asistir a escuelas comunes se hace a costa de los recursos de las instituciones especiales.

“Sería excelente si el Ministerio creara cargos nuevos, pero así están vaciando nuestras escuelas”, lamentó.

Entre los cambios más significativos figura la eliminación de las Mesas de Inclusión, espacios donde supervisores, docentes y técnicos definían estrategias personalizadas para cada estudiante. “Antes pensábamos juntos la mejor trayectoria, diseñábamos un recorrido y trabajábamos con las familias. Ahora todo queda en manos de tres personas, sin conocimiento profundo de los chicos ni diálogo con la comunidad educativa”, explicó la directora.

La reducción de personal también golpea directamente a las escuelas. “En mi institución, que brinda atención temprana, nivel primario e integral a 240 alumnos, había tres psicólogas: quedaron solo una. De tres fonoaudiólogas, también queda una. Y de tres trabajadoras sociales, solo dos”, detalló Andrea Bohus, trabajadora social en la Escuela Especial N.º 9 del Distrito Escolar 6 y secretaria de Cultura de Ademys.

Según Bohus, el proyecto oficial busca conformar equipos de diez profesionales por distrito para asistir a las escuelas de nivel común. Sin embargo, el enfoque presenta un problema de fondo:

“No todos los niños y niñas necesitan una escuela común. Hay quienes requieren un espacio distinto, donde se los comprenda y se respete su ritmo de aprendizaje.”

El caso de Matías: cuando una escuela cambia una vida

Matías inició su educación en un jardín común. Aunque su familia detectó desde los dos años y medio un retraso en el lenguaje, pudo completar el nivel inicial. Pero el ingreso a primer grado fue un quiebre.

“Era un estorbo”, recuerda su madre, Patricia González. “La maestra hacía lo que podía, pero no contaba con recursos. Otras familias comenzaron a quejarse porque, según decían, mi hijo les quitaba tiempo a los suyos. Fue devastador.”

El cambio llegó cuando conocieron una escuela interdisciplinaria, donde Matías —con retraso mental leve y dificultades en lectoescritura— fue aceptado en cuarto grado. “Ahí empezó a transformarse. Por primera vez sintió un vínculo real con la docente. Entendí que la escuela común no era un espacio que él pudiera sostener”, relata Patricia.

Hoy, con 13 años, Matías va feliz a clases, participa y expresa lo que siente. “Aprendimos a mirar distinto a nuestro hijo”, dice su madre.

Pero la alegría convive con la incertidumbre. “Nos preocupa el futuro. Para mí no es motivo de orgullo decir que lo mando a una escuela común. Quiero que aprenda, que gane autonomía. Y eso se logra con una escuela que lo entienda. Es muy duro levantarse cada día sabiendo que vas a fracasar. La educación especial no es un privilegio: es una necesidad.”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *